sábado, 20 de octubre de 2012

Imagen con el cartel de 'Resident Evil: Venganza'
Los estrenos de la semana pasada estuvieron marcados por la llegada de dos secuelas con dudosa justificación artística. Ya os hablé de la entretenidaVenganza: Conexión Estambul‘ (Taken 2, Olivier Megaton, 2012) y ahora ha llegado el momento de comentaros ‘Resident Evil: Venganza‘ (Resident Evil: Retribution, Paul W.S. Anderson ,2012), la quinta entrega de la franquicia que la famosa saga de videojuegos. Dejando a un lado la discusión sobre si son zombies o infectados, estamos ante una serie de películas que nunca se ha caracterizado por ofrecer cintas con particular interés, siendo un tanto iluso el esperar que con ‘Resident Evil: Venganza’ fueran a dar un giro de timón tan grande como para ofrecernos algo al nivel de joyas como ‘La Noche de los Muertos Vivientes‘ (Night of the Living Dead, George A. Romero, 1968) o grandes entretenimientos como ‘Amanecer de los Muertos‘ (Dawn of the Dead, Zack Snyder, 2004). Ya os avanzo que no lo han hecho.

Lo mismo de siempre

Hablar de rutina a la hora de comentar ‘Resident Evil: Venganza’ es tan obligado que a la gran mayoría os podría sonar como algo innecesario. Y lo peor de todo es que la película empieza de una forma inusual que invita a mantener cierto optimismo sobre lo que está por venir: Una gran pantalla a bordo de un barco contada a cámara lenta y con la acción avanzando hacia atrás en el tiempo. De esta forma, se consigue mayor atención al detalle, se nos introduce en una historia en la que reaparecen varios actores que formaron parte del reparto de alguna otra entrega de la saga y, sobre todo, se atrapa la atención del espectador.
Imagen de 'Resident Evil 5'
El problema es que eso sólo dura un par de minutos, ya que pronto hay que recrear la escena siguiendo los cánones habituales de espectacularidad y ruidosidad usadas habitualmente para tapar lagunas de guión. Acto seguido se introduce la primera (y única) gran novedad de jugar con el espectador y la idea de la credibilidad de la propia saga, pero eso es algo que pronto queda desterrado en beneficio del habitual correcalles con zombies de fondo, los cuales sólo consiguen dotar de cierto interés a la propuesta cuando se desvía de los ‘zombies masilla’ para dejar paso a monstruosas creaciones, estimulantes en lo visual, acertadas en lo espectacular, pero algo decepcionante por no tener el suficiente peso en la trama.

Mucho ruido y pocas nueces

No voy a negar que ‘Resident Evil: Venganza’ presenta una relativa evolución argumental en lo referente al enfrentamiento de su protagonista con la corporación Umbrella, pero impera lo tramposo a la hora de establecerlas. La primera es forzar la alianza de Alice con el gran villano de la anterior entrega, por lo que tranquilamente podrían salirnos más adelante con que Umbrella no es más que una pieza en el entramado de una conspiración aún mayor y alargarlo todo hasta el infinito y más allá. La segunda es que es la única forma que tienen de justificar la aparición de antiguos personajes a los que yo ya daba por perdidos para siempre, pero sin darles el más mínimo desarrollo argumental. Son peones a las órdenes de Umbrella por motivos que no desvelaré y eso es todo lo que van a hacer.
Imagen de Jill Valentine en 'Resident Evil: Venganza'
También resulta un tanto molesta la insistencia de Paul W. S. Anderson en mostrar de forma reiterada a la reina roja cada vez que hay que incluir una nueva amenaza para Alice y su equipo, ya que así se crea una sensación de repetición y esquematismo que acaba agotando al espectador. La cosa es que la malvada lanza unos zombies (u otra cosa) contra ellos, consiguieron vencerlos, avanzan un poco más y la reina roja lanza más zombies para acabar con ellos. Este punto se repite durante gran parte del metraje, siendo sólo maquillado parcialmente por el hecho de que estamos ante la cinta con mayor presupuesto de la franquicia, algo que se nota a la hora de que no haya cosas raras a la vista cuando una secuencia es saturada mediante el uso de cuantos más efectos especiales, mejor. Y sí, seguramente estemos ante la más espectacular de la saga, pero también ante seguramente el segundo guión más discreto de todos, algo que Anderson ya ha demostrado que rara vez logra mejorar a través de su trabajo de puesta en escena.
Sí me gustaría señalar que la saga Resident Evil está jugando un papel destacable a la hora de reivindicar a la mujer como heroína de acción, algo que no es ni mucho menos nuevo, pero que rara vez ha tenido una continuidad real más allá del peso que James Cameron prestó a ello en algunos de sus títulos más celebrados. No creo que nadie se atreva a poner en duda a Milla Jovovich como tía dura capaz de repartir estopa a cualquiera que se le ponga por delante siendo capaz de mostrar cierto expresividad emocional al mismo tiempo, pero también Sienna Guillory, Michelle Rodriguez y Bingbing Li reafirman sus credenciales en este aspecto. El problema es que Jill Valentine (Guillory) es el personaje más plano de todos (culpa del casi desastroso guión), molestando especialmente la lamentable forma que tienen de cerrar su arco argumental, mientras que el de la segunda es casi igual de insulso, con el añadido de que es incapaz de aportar nada relevante cuando puede mostrar otra cara. Por su parte, Li es la más efectiva de las tres, pero pierde demasiado protagonismo tras su impactante primera aparición, acabando totalmente desdibujada hacia el final. ¿Los hombres? Mero relleno para dar y recibir hostias, disparos o mordiscos zombies, pero siempre por debajo de las mujeres, que son las que parten la pana aquí.
Imagen de Alice tras liquidar unos cuantos zombies
En definitiva, ‘Resident Evil: Venganza’ es más de lo mismo, y ni tan siquiera llegar a estar dentro de las “mejores” entregas de la franquicia. Alguna escena suelta interesante (las de los monstruos zombie más ambiciosos), un cliffhanger correcto que delimita que la saga debería acabar en su sexta entrega y, sobre todo, la mayor credibilidad de la ambientación (anteriormente siempre había alguna situación en la que los efectos especiales cantaban demasiado) juegan en su favor, pero la estupidez de su guión, el discreto trabajo de Anderson tras las cámaras y el muy mejorable regreso de algunos rostros conocidos de la franquicia acaban pesando demasiado. Al final lo que queda es un entretenimiento de perfil muy bajo sólo recomendable para los fanáticos de la saga, dentro de la cual ocupa un puesto intermedio a la hora de determinar cuál es la mejor (la tercera) y cuál la peor (la segunda) de todas, aunque en ningún caso estemos ante películas que vayan más allá de lo pasable

martes, 2 de octubre de 2012

Crítica Totall Recall 2012

TOTAL RECALL (2012). LA CRITICA



La verdad es que para un cinéfilo es difícil salir satisfecho de una propuesta como esta. Hacer un remake de Total Recall (1990), una película que ha quedado grabada en nuestra memoria y que ha llenado algunas de las tardes de cine de nuestra adolescencia, tiene cierto riesgo. Es cierto que no dejaba de ser un vehículo para el lucimiento de uno de los actores del
momento, Arnold Schwarzenegger, pero contaba con un buen director, Paul Verhoeven, especialmente talentoso a la hora de mostrar la violencia y dotado de un sutil sentido del humor muy particular. Como valor añadido, la película adaptaba un relato de Philip K. Dick, cuando el tema del cuestionamiento de la realidad no estaba de moda y, por tanto, no era un escritor de referencia. “Podemos recordarlo todo por usted al por mayor” no era más que una anécdota de unas pocas páginas, pero el guión de acción futurista que articularon Dan O´Bannon y Ronald Shusett respetaba mucho de los temas que estaban reflejados en este relato corto.
UNA DE LAS ESPECTACULARES ESCENAS DE ACCIÓN DEL FILM

Colin Farrel interpreta a Douglas Quaid en Total Recall (2012), un trabajador de una fábrica de cuerpo Danone que lleva una vida monótona al lado de su escultural esposa Lori (Kate Beckinsale) y por este motivo decide contratar los servicios de la empresa Rekall, que puede convertir sus sueños en recuerdos reales. Quaid decide implantarse recuerdos de una vida como agente secreto, pero cuando se somete a una prueba para evitar que los recuerdos implantados entren en conflicto con sus recuerdos reales, descubre que es un espía auténtico. A partir de ese momento, se convierte en un hombre perseguido por la policía formando equipo con una combatiente rebelde, Melina (Jessica Biel), para encontrar al cabecilla de la resistencia clandestina Matthias (Bill Nighy) y desbaratar los planes de Cohaagen (Bryan Cranston), líder del mundo libre.

KATE, TU PAPEL DE MALA NO SE LO CREE NADIE
La novedad más importante con respecto a la primera versión consiste en que han cambiado completamente el mcguffin. Nos olvidamos de Marte, de conflictos entre colonizadores y de artefactos alienígenas. El planeta Tierra que se nos presenta en esta ocasión se encuentra dividido en dos territorios claramente diferenciados, La Federación (que incluye Inglaterra y los países de alrededor) y La Colonia (Australia). El resto del planeta se encuentra devastado por una guerra química y es inhabitable. La mayoría de la población vive en La Colonia y trabaja en las fábricas de La Federación, viajando en un elevador gravitatorio conocido como “La Cascada”. La resistencia busca mejorar la vida en La Colonia en un mundo en el que el espacio se ha convertido en un bien escaso para todos.

UN GUIÑO A LA VERSIÓN DE 1990: LA CHICA DE LOS TRES PECHOS.

Desde luego, el futuro que nos muestra este film es más realista y decididamente menos ochentero. La estética recuerda poderosamente a Blade Runner, con grandes urbes masificadas, una lluvia tupida y constante y un cierto aire oriental en el entorno. Las escenas de acción son apabullantes. Len Wiseman dispone de un juguete muy caro que es capaz de mantener la capacidad de sorpresa ante el futuro que nos plantea, como lo hacía la película original, y de entretenernos con la espectacularidad de las set pieces, a pesar de que en más de una ocasión nos sintamos un poco desubicados, como dentro de un videojuego.
Estas son las virtudes de la cinta, que no son pocas, pero de alguna forma, se han dejado el alma de la historia por el camino. Vemos marcas, en forma de escenas calcadas, que nos van llevando por la historia original con una sensación de cierto vacío entre ellas. Los protagonistas, sin entrar en si son buenos o malos, carecen de carisma. Kate Beckinsale, por muy esposa del director que sea, da risa como villana de la historia y su expresividad es tan nula, que la única forma que tienen de hacernos creer que es mala es pintándole los rabillos del ojo y revolviéndole el pelo, con peinado de peluquería eso sí. La ambigüedad sobre lo que era realidad y lo que era ficción, que le daba una doble lectura a la versión de 1990, desaparece, con lo que nos queda una historia plana de sorpresa nula. Ni siquiera nos han metido un cameo de algún protagonista de la original, más allá de los detalles referenciales de la prostituta de los tres pechos o la mujer mayor del aeropuerto.

DESAFIO TOTAL MEETS BLADE RUNNER.

No podemos negar que estamos ante un buen entretenimiento palomitero, pero el que haya visto la versión de Schwarzenegger y la aprecie, no se le ha perdido nada en el cine, la verdad.